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De la química a una fintech con visión global: la historia de Simón Pinilla

Simón Pinilla pasó de la química a las fintech. Hoy, desde DRUO, busca transformar los pagos y construir una empresa global desde Colombia.

Simón Pinilla, Químico e Ingeniero Químico de la Universidad de los Andes, encontró en las finanzas, la tecnología y el emprendimiento nuevos caminos para aplicar una de las habilidades que desarrolló desde la Universidad: entender problemas, conectar disciplinas y convertir las ideas en proyectos. Hoy, como cofundador de DRUO, trabaja para transformar la manera en que las personas y las empresas realizan pagos.

 

Cuando Simón recuerda sus años en la Universidad de los Andes, no habla únicamente de las clases de Química o Ingeniería Química. Habla de deporte, de amigos que hizo en diferentes carreras, de los espacios extracurriculares y de esas materias que le permitieron salir, por un momento, de su campo de estudio.

 

Durante su carrera hizo doble programa y encontró en los espacios interdisciplinarios una oportunidad para ampliar su perspectiva. Recuerda especialmente los CBU, que le permitieron acercarse a temas completamente distintos a la química y la ingeniería. Uno de ellos, incluso, tenía un nombre que todavía recuerda: Sexo y muerte, una clase de literatura que le permitió compartir con estudiantes de otras disciplinas. “Las conexiones son el activo más importante que tiene una persona y muchos de mis amigos hoy en día son de la Universidad”, cuenta.

 

Ese contacto con personas, ideas y áreas diferentes terminó siendo parte importante de su formación. También lo fue la posibilidad de combinar la exigencia académica con el deporte y la vida universitaria. Jugaba fútbol, iba al gimnasio y participaba activamente en diferentes espacios de la Universidad. “Guardo mucho esa gran época de balance entre academia y vida social y también ejercicio”, recuerda.

 

Una carrera que tomó un rumbo inesperado

 

La química había sido una elección consciente. Desde el colegio, Simón sentía curiosidad por la ciencia y por entender el origen de las cosas, y un profesor le dijo que tenía madera para ser químico. Sus padres, que inicialmente pensaban que Administración de Empresas podía ser un camino más conveniente, terminaron apoyando su decisión. Y Simón no se arrepiente. “Estudié lo que me gustaba y la vida misma se va a encargar de mostrarlo”, dice cuando habla con jóvenes que están tratando de decidir qué estudiar. Sin embargo, la vida profesional terminó llevándolo por un camino diferente.

 

Mientras estudiaba comenzó a acercarse al mundo de los negocios. Las materias relacionadas con análisis de decisiones, inversión, finanzas, gestión y contabilidad despertaron un interés que hasta entonces no había explorado de la misma manera. Esa combinación entre ingeniería y gestión amplió sus posibilidades y lo llevó a complementar su formación con una opción en Administración.

 

El verdadero punto de quiebre llegó después de graduarse. Simón buscó trabajo en su área y rápidamente se encontró con una realidad diferente a la que había imaginado. Después de algunas semanas de búsqueda y de recibir ofertas que no respondían a sus expectativas, empezó a preguntarse si ese sería realmente el camino que quería seguir.

 

Allí apareció una oportunidad inesperada cuando un amigo le habló de una posición en banca de inversión. La primera reacción de Simón fue pensar que no tenía nada que hacer allí. Era químico, no financiero. Incluso recuerda que para la entrevista tuvo que desempolvar un traje que prácticamente solo había usado para matrimonios y otras ocasiones especiales. “Yo me sentía como un mosco en leche. Yo soy químico, ¿y qué voy a hacer allá?”, recuerda.

 

Fue a la entrevista. No le fue especialmente bien en la primera parte, en la que competía con economistas e ingenieros industriales. Pero llegó un ejercicio de proyectos de inversión y allí apareció algo que había aprendido en Los Andes: análisis, números y toma de decisiones. El mismo curso que atrás había despertado su interés por las finanzas terminó ayudándolo a conseguir el trabajo. Ese fue el comienzo de una trayectoria que lo llevaría de la banca de inversión a las empresas de tecnología y, finalmente, al emprendimiento. 

 

Aprender a construir desde cero

 

Después de tres años en banca de inversión, trabajando en proyectos de infraestructura, Simón recibió una propuesta para incorporarse a Uber. El cambio implicaba entrar a un sector completamente diferente y asumir el reto de lanzar Uber Eats en Ecuador y Bolivia. Fue también su entrada al mundo de las empresas tecnológicas y de alto crecimiento.

 

En Uber descubrió una dinámica distinta. Organizaciones con estructuras menos jerárquicas, equipos pequeños y una cultura mucho más orientada a ejecutar, probar y aprender rápidamente. Allí lideró su primer equipo y descubrió que una de las cosas que más disfrutaba era precisamente ayudar a otras personas a crecer. 

 

“Me encanta. Yo creo que dos de las cosas que más me gustan y en lo que mejor soy es liderar equipos. Ver cómo ellos crecían, aprendían juntos”, explica. La otra era construir desde cero. Esa capacidad se convirtió en un hilo conductor de su trayectoria. En SumUp fue el primer empleado de la compañía en Colombia y participó en el lanzamiento del negocio durante la pandemia. En dos años ayudó a construir una operación que llegó a cerca de 60 personas y alcanzó US$20 millones en procesamiento.

 

Después asumió como gerente general de Tembici en Colombia, con 29 años, liderando un equipo de aproximadamente 100 personas. Más que una sucesión de cargos, Simón ve esas experiencias como una preparación para algo que llevaba tiempo queriendo hacer: construir su propia empresa.

 

El encuentro entre una idea y el socio adecuado

 

El interés por emprender tampoco apareció de la nada. Su padre siempre había trabajado de manera independiente y había construido su propia empresa. Desde joven, Simón tuvo cerca ese ejemplo.

 

La idea tomó mayor forma cuando comenzó a involucrarse en el negocio familiar y descubrió que gestionar una empresa producía una sensación diferente a la de ser empleado. Sin embargo, todavía faltaba encontrar el problema que quería resolver y, sobre todo, la persona con quien construirlo. Ese socio fue Alejandro Pinzón.

 

Simón reconoce que los dos tienen perfiles complementarios. Alejandro aporta una fuerte capacidad creativa y de generación de ideas; Simón se identifica más con la ejecución, los números y la capacidad de convertir esas ideas en resultados. Pero hay algo que considera todavía más importante: los valores compartidos. “Lo más importante al principio es encontrar un socio que comparta contigo los valores, porque van a haber momentos difíciles y ahí es donde se nota en realidad quién es quién”, afirma.

 

La idea de DRUO comenzó a tomar forma durante un viaje por Islandia en 2021. Sin embargo, el problema que querían resolver ya lo habían visto de cerca mientras trabajaban en SumUp y participaban en procesos de expansión internacional.

 

Se dieron cuenta de que recibir pagos era costoso y complejo para los comercios, no solamente en Colombia. El mismo tipo de dificultades aparecía en diferentes países. La conclusión fue sencilla, aunque el reto que se desprendía de ella era enorme: si el problema era global, la solución también podía serlo. 

 

DRUO: transformar la manera de pagar

 

DRUO busca facilitar que las personas puedan pagar a empresas directamente desde sus cuentas bancarias o billeteras digitales, reduciendo costos y haciendo más sencilla la experiencia de pago.

 

Para explicarlo, Simón utiliza una comparación: “Nosotros somos como el Visa o Mastercard de cuentas bancarias y billeteras”, es decir, una infraestructura que permite conectar esos medios de pago con empresas y comercios de manera sencilla. 

 

La oportunidad está relacionada con una característica histórica del sistema de pagos: durante décadas, buena parte de su infraestructura se construyó alrededor de las tarjetas. Para un comercio, recibir un pago con tarjeta puede implicar asumir comisiones de entre 3% y 5%.

 

Para Simón, ese costo se ha normalizado. Pero basta ponerlo en términos concretos para dimensionarlo: por cada $100.000 en ventas, un comercio podría pagar entre $3.000 y $5.000 por recibir el pago.

 

DRUO busca construir una alternativa que permita que las cuentas bancarias tengan capacidades de pago similares a las de una tarjeta y que las personas puedan acceder a productos y servicios sin depender necesariamente de una tarjeta de crédito.

 

La apuesta tiene además una dimensión de inclusión financiera. Simón señala que, mientras una parte importante de la población mundial tiene acceso a una cuenta o billetera, la incorporación de las tarjetas es considerablemente menor. Para él, ampliar las posibilidades de uso de las cuentas bancarias puede contribuir a que más personas puedan acceder a productos y servicios digitales. “Al final de cuentas estamos intentando cambiar a nivel global que la cuenta bancaria, el producto básico financiero, tenga el poder que tiene una tarjeta”, explica. 

 

Construir pensando desde el comienzo en el mundo

 

Desde el primer día, Simón y Alejandro decidieron que DRUO no sería diseñada exclusivamente para Colombia. Aunque comenzaron desarrollando el producto desde el país, la tecnología fue pensada para operar en diferentes mercados, con múltiples idiomas y con una arquitectura que pudiera adaptarse a nuevos países.

 

La primera transacción de DRUO ocurrió en abril de 2022. Desde entonces, el crecimiento ha sido acelerado. Simón cuenta que comenzaron procesando apenas unas pocas transacciones y que, para julio de este año, llegaron a procesar alrededor de 1,2 millones de transacciones en un solo mes. Más de 1,5 millones de usuarios han utilizado la plataforma. 

 

En 2025, DRUO cerró con un volumen procesado de US$223 millones y para este año la compañía espera superar los US$500 millones. Al mismo tiempo, trabaja en su expansión hacia nuevos mercados y en el fortalecimiento de su operación en América Latina.

 

Para Simón, uno de los aprendizajes más importantes de este proceso ha sido entender que una empresa no necesariamente tiene que resolver muchos problemas al mismo tiempo. Al contrario, el foco puede ser determinante. “Hay que confiar un poquito en las señales de mercado de los clientes y buscar un problema específico que te trasnoche”, afirma.

 

Por eso, más que enamorarse de una solución concreta, habla de la importancia de entender profundamente el problema. La tecnología puede cambiar, el producto puede evolucionar, pero si el problema que se busca resolver sigue siendo real para los usuarios, la empresa tiene una razón para continuar. 

 

Un ecosistema fintech que mira más allá de Colombia

 

Simón también ha visto cambiar el ecosistema de emprendimiento y tecnología en Colombia. Hace algunos años, pensar en una empresa global desde América Latina podía parecer una aspiración lejana. Hoy, dice, cada vez más emprendedores están empezando con esa perspectiva. “Podemos desde Colombia y desde Latinoamérica construir empresas globales”, señala.

 

Parte de este cambio tiene que ver con el acceso a tecnología. Crear una página web o desarrollar determinadas herramientas ya no requiere necesariamente los mismos recursos que hace algunos años. Para Simón, la barrera está cambiando, cada vez menos está en el acceso a la tecnología y más en la capacidad de ejecutar, encontrar un problema relevante y construir una solución alrededor de él.

 

En el sector financiero, además, ve una oportunidad que todavía está lejos de agotarse. Según los datos que comparte, más del 95% de las personas en Colombia ha tenido acceso a algún producto financiero, pero alrededor del 30% ha tenido acceso a crédito. Para él, esa diferencia representa una oportunidad importante tanto para las fintech como para el sistema financiero tradicional. “Hay muchas oportunidades de llegar a más población, mejores productos, más crédito a las regiones”, afirma.

 

Y no plantea necesariamente una relación de sustitución entre bancos y fintech. DRUO, por ejemplo, trabaja actualmente con más de 20 bancos de la región. En su visión, el futuro puede estar precisamente en una combinación de las fortalezas de ambos mundos: la confianza, el capital y la infraestructura que han construido las entidades financieras durante décadas, junto con la velocidad y capacidad de desarrollo de las compañías tecnológicas. 

 

Pensar en grande también es parte de la formación

 

Al mirar hacia atrás, Simón reconoce que su paso por Los Andes tuvo un impacto que va más allá de las herramientas técnicas que aprendió durante su formación. Para él, la Universidad le permitió explorar diferentes áreas, relacionarse con personas de distintas disciplinas y, sobre todo, desarrollar una mentalidad orientada a construir.

 

“Todo está construido para desarrollar líderes”, dice. Y agrega que la Universidad le inculcó la posibilidad de “pensar en grande”, de aprender sobre aquello que le interesaba y de no limitar su formación a una sola disciplina. 

 

Esa experiencia también está relacionada con la posibilidad de compartir el campus con personas de diferentes contextos y acceder a una educación que, desde su perspectiva, puede ampliar las oportunidades. “Mi orgullo de la Universidad es que cualquier persona podía entrar”, afirma, al recordar la diversidad de estudiantes con los que compartió durante su carrera y el papel de las becas para ampliar el acceso a la educación. Para él, ese acceso es fundamental: “el acceso a la educación es el primer paso para construir el mejor país”. 

 

Hoy, mientras trabaja en una empresa que busca llevar desde Colombia una solución de pagos a diferentes mercados, esa idea de construir en grande parece haber encontrado un nuevo escenario.

 

La historia profesional de Simón no siguió una línea recta. Comenzó en la química, pasó por la ingeniería, llegó a las finanzas, continuó en compañías tecnológicas y terminó en el emprendimiento. Pero, al mirar el recorrido completo, lo que si permanece es la curiosidad por aprender, la capacidad de moverse entre disciplinas y la decisión de convertir los problemas que encuentra en oportunidades para construir. Y quizá por eso, cuando habla de su carrera, no parece preocupado por haber dejado atrás la química. La entiende como parte del camino. Como una pieza más de una trayectoria que todavía se está escribiendo.

DRUO TEAM

Equipo DRUO