El sueño de estudiar en Los Andes que terminó abriendo muchos caminos
Juan Felipe llegó a Los Andes con un sueño y encontró una comunidad que creyó en él. Hoy quiere transformar lo recibido en nuevas oportunidades.Para Juan Felipe Benítez Giraldo, estudiar en la Universidad de los Andes significó la posibilidad de construir un proyecto de vida que, durante varios momentos, estuvo en riesgo de detenerse por razones económicas. En ese camino, el apoyo de la comunidad Uniandina fue determinante. Hoy, mientras se prepara para culminar su carrera de Economía y desarrolla su trayectoria profesional en el campo de la inteligencia artificial, Juan Felipe reconoce en la filantropía una de las expresiones que más orgullo le genera de pertenecer a Los Andes.
La historia de Juan Felipe comienza en Circasia, Quindío. Creció en una familia con dificultades económicas y desde muy joven fue consciente de las limitaciones que la falta de oportunidades podía imponer sobre el futuro de una persona. En su entorno veía a compañeros que, a pesar de estudiar y esforzarse, no encontraban alternativas para continuar su formación o construir un proyecto de vida diferente.
Esa realidad lo llevó a preguntarse qué podía hacer para cambiar su propia historia. Empezó a investigar sobre la pobreza generacional y encontró en la educación una posibilidad concreta para transformar sus circunstancias. Con el Wi-Fi de un vecino buscó información sobre las mejores universidades del país y así conoció la Universidad de los Andes. “Yo me enamoré de Los Andes. Dije: yo tengo que estudiar allí, quiero hacer grandes cambios y para eso quiero estar en una muy buena universidad”, recuerda Juan Felipe.
Llegar a la Universidad, sin embargo, no fue sencillo. Durante años se preparó para obtener un puntaje que le permitiera acceder a la beca Quiero Estudiar. Terminó siendo uno de los mejores estudiantes de su colegio, pero le faltaron tres puntos para alcanzar el requisito. Aunque aquella posibilidad no se concretó, decidió buscar otras alternativas para ingresar a Los Andes y comenzó su carrera mediante un esquema de financiación.
Semestres después, las condiciones económicas de su familia hicieron imposible continuar pagando las cuotas y su permanencia en la Universidad volvió a estar en riesgo. Fue entonces cuando recibió el apoyo de Vamos Pa’lante, una iniciativa que le permitió continuar sus estudios en un momento en el que no contaba con los recursos necesarios. “Al fin puedo tranquilizarme de que no voy a quedarme sin estudiar porque no tengo 5.000 pesos, 10.000 pesos para pagar la cuota”, cuenta al recordar lo que significó para él recibir esta ayuda.
Una comunidad que acompaña
La experiencia de Juan Felipe permite entender el alcance que puede tener la filantropía universitaria. En su caso, el apoyo económico fue fundamental para permanecer en la Universidad, pero su experiencia con la comunidad Uniandina fue mucho más amplia.
Durante su carrera recibió diferentes formas de acompañamiento y tuvo acceso a oportunidades que ampliaron sus posibilidades académicas y profesionales. Entre ellas, recuerda especialmente una experiencia en Cornell que fue posible gracias al apoyo de un miembro de la comunidad. Allí conoció profesionales, amplió sus redes y tuvo acercamientos que posteriormente fueron importantes para su trayectoria.
También recuerda el apoyo que recibió de una persona de la comunidad Uniandina cuando necesitaba recursos para continuar pagando su carrera. No era alguien cercano. Se habían encontrado apenas un par de veces, pero esa persona decidió ayudarlo porque compartían algo en común: pertenecer a Los Andes.
Para Juan Felipe, estas experiencias transformaron su manera de entender lo que significa hacer parte de una Universidad. La filantropía Uniandina no se limita a financiar una matrícula. También está presente en las monitorías, los laboratorios de apoyo, las oportunidades académicas, el acompañamiento y las redes que se construyen entre estudiantes, profesores y egresados. “Todo se centra en cómo la comunidad está ayudando a los estudiantes a progresar. Eso me llena tanto de orgullo, porque yo siento que uno va a otras universidades, uno ve otras instituciones y están solos”, afirma.
Para quienes llegan a la Universidad desde contextos en los que acceder a determinadas oportunidades parecía muy difícil, ese acompañamiento puede marcar una diferencia. En la historia de Juan Felipe, una oportunidad llevó a otra y terminó ampliando sus posibilidades mucho más allá de su permanencia en Los Andes.
La educación como punto de partida
Durante sus primeros semestres, Juan Felipe pasó de estudiar Física a encontrar en Economía una disciplina que le permitía comprender mejor los problemas que había conocido desde su propia experiencia. Una clase de Historia del Pensamiento Económico fue especialmente significativa y terminó consolidando su interés por esta área.
Además de los conocimientos propios de su carrera, reconoce que Los Andes le dejó una manera rigurosa de analizar el mundo, trabajar con modelos y datos y aproximarse a problemas complejos. Es una forma de pensar que hoy aplica en su trabajo.
En 2023, cuando los recursos volvieron a convertirse en una barrera para terminar su carrera, Juan Felipe tomó una decisión que marcaría una nueva etapa. Después de buscar empleo sin éxito, decidió emprender junto con otros estudiantes y creó una empresa con el propósito inicial de conseguir los recursos necesarios para pagar el semestre que le faltaba.
La empresa comenzó a crecer y, nuevamente, su vínculo con Los Andes abrió puertas. Sus cofundadores también tenían vínculos con la Universidad y, de acuerdo con Juan Felipe, esa pertenencia generaba confianza y facilitaba nuevas oportunidades. “La confianza que hay hacia esos estudiantes y sus egresados es muy grande. A mí me dieron la confianza por haber estudiado”, explica.
La experiencia empresarial le abrió posteriormente nuevas puertas profesionales. Trabajó en Meta y, desde abril de este año, hace parte de LinkedIn, donde participa en proyectos relacionados con el entrenamiento de inteligencia artificial y la evaluación de interfaces digitales.
Su recorrido muestra cómo las oportunidades pueden conectarse entre sí. Una ayuda económica puede permitir que un estudiante continúe su carrera; esa formación puede abrir una puerta laboral; una experiencia puede convertirse en una red de contactos y, con el tiempo, todo ello puede ampliar las posibilidades de una persona para aportar a su entorno.
La responsabilidad de devolver lo recibido
A medida que Juan Felipe habla de su experiencia, aparece una idea que atraviesa toda la conversación: su intención de que las oportunidades que recibió no terminen en él.
Hoy está interesado en utilizar su formación en Economía y su experiencia en tecnología para trabajar en temas de política pública. Su propósito es regresar algún día a Armenia y aportar a la ciudad en la que nació, particularmente frente a la falta de oportunidades que identificó desde joven. “Me gustaría centrarme en lo humano. Ya como economista me gustaría empezar a buscar cómo aplicar las políticas públicas que he pensado desde la tecnología, desde mi posición como AI Trainer y de una empresa de tecnología”, explica.
En ese propósito también aparece una comprensión de la filantropía que va más allá de la contribución económica. Para Juan Felipe, se trata de una manera de construir comunidad y generar oportunidades para otros. “Toda la comunidad Uniandina tiene dentro de ella un sentimiento de filantropía y de ayudar muy bonito y eso lo he visto y espero aplicarlo después de mi graduación”, dice.
Su experiencia le ha permitido conocer de primera mano lo que significa que alguien confíe en las capacidades de otra persona y decida apoyarla en un momento determinante. Esa experiencia también ha fortalecido su deseo de contribuir, cuando llegue el momento, a que otros estudiantes puedan encontrar las oportunidades que él encontró en su camino.
Una mirada hacia el futuro
Hay un lugar de la Universidad que Juan Felipe recuerda especialmente: el camino junto al parque de la Plazoleta del Lleras. Desde allí suele mirar Bogotá y pensar en las posibilidades que tiene para aportar a la ciudad y al país.“Uno siente como, no sé cómo explicarlo, pero uno cuando pasa por ahí ve que uno puede apoyar la ciudad y el país de una manera mucho más fuerte por ser Uniandino. Entonces digo, me gustaría ayudar a Bogotá, me gustaría ayudar a mi ciudad y a mi país”, cuenta.
Para él, esa posibilidad está directamente relacionada con haber podido estudiar en Los Andes. Por eso, cuando se le pregunta qué es lo que más orgullo le genera de ser Uniandino, su respuesta vuelve a la filantropía. “Yo creo que lo que más me llena de orgullo es la filantropía. Siento que la Universidad de los Andes está en todos lados, en todo momento que necesita ayuda”, dice.
La historia de Juan Felipe muestra lo que puede ocurrir cuando una comunidad decide acompañar el talento y abrir oportunidades. Para él, ese apoyo significó poder continuar estudiando cuando los recursos familiares no alcanzaban, pero también conocer nuevas personas, acceder a experiencias, fortalecer su formación y encontrar caminos profesionales que alguna vez parecían muy lejanos.
Ahora se prepara para culminar su carrera y seguir construyendo su trayectoria. Mientras piensa en lo que viene, tiene claro que parte de lo que ha recibido también implica la responsabilidad de poner sus conocimientos al servicio de otros y contribuir a que nuevas oportunidades puedan llegar a más personas.