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Tradición, familia y estrategia en una historia que evoluciona la industria de la panadería bogotana

Una empresa familiar que ha crecido con la ciudad, consolidando un modelo basado en estrategia, estructura y visión de largo plazo. Hoy, con 25 puntos de venta y cerca de 1.300 empleados, esta panadería bogotana es liderada por siete hermanos, entre ellos dos egresados de la Universidad de los Andes, quienes continúan proyectando su evolución.

Hablar de Hornitos es hablar de una empresa que ha crecido con la ciudad, pero también de una historia que empezó mucho antes de convertirse en una marca reconocida. Hace 45 años, Bernardo Parra, llegó a Bogotá después de haber trabajado desde los 13 años en panaderías. En 1980, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su familia: adquirir una panadería en el barrio Galán y convertirla en el sustento de su hogar.

 

Ese primer local no solo fue el inicio de un negocio, fue el punto de partida de una empresa familiar construida con esfuerzo, donde, con el tiempo, sus siete hijos se involucraron activamente. Como lo resume Luis Parra Alfonso, hoy gerente financiero, “es una empresa familiar compuesta por padre, madre y siete hermanos. Desde los inicios era el sustento para una familia en un barrio tradicional en Bogotá. Comenzamos todos juntos a trabajar, todos empujando hacia el mismo lado”.

 

Hoy, esa misma empresa es una organización consolidada, con 25 puntos de venta en Bogotá, cerca de 1.300 empleados y ventas anuales que alcanzan los 143.000 millones de pesos, cifras que reflejan no solo crecimiento, sino una evolución estructurada del negocio. Sin embargo, más allá de los números, Hornitos sigue siendo fiel a su esencia de ser una marca cercana, construida alrededor de la tradición, la calidad y ese concepto de familia que se vive alrededor de la mesa.

 

Actualmente, David Parra Alfonso, gerente general, y Luis Parra, gerente financiero, ambos egresados de la Universidad de los Andes, lideran dos frentes claves de la organización. David, estudió en la Facultad de Administración, con un enfoque en gerencia estratégica de mercadeo y ventas; y Luis, desde la Facultad de Ingeniería, como Ingeniero Industrial con énfasis en finanzas. Pero su liderazgo no se entiende de manera aislada, sino como parte de un proceso colectivo, donde la familia y el equipo han sido fundamentales en cada etapa.

 

En el caso de Luis, su relación con la empresa ha sido progresiva y profundamente ligada a su formación. “Terminé mi programa de ingeniería y tomé la línea financiera, y siempre estuve acompañando a la empresa, debajo de todo lo que ha pasado en la compañía”, cuenta. Esa cercanía le permitió participar en decisiones clave, desde los primeros procesos de expansión hasta la estructuración organizacional que hoy sostiene la operación.

 

El crecimiento de Hornitos no fue inmediato. De hecho, pasaron cerca de 20 años para pasar de un primer punto a una segunda sucursal. Sin embargo, ese ritmo cambió con el tiempo, dando paso a una etapa de expansión más estructurada. “Comenzamos en una carrera de expansión, de darle sentido a la compañía, de construir procesos, áreas funcionales, planta de producción, estructura organizativa”, explica Luis. Hoy, la empresa cuenta con equipos especializados en calidad, abastecimiento, planeación, finanzas, producción y operación, reflejando su transformación en una organización robusta.

 

Uno de los pilares de ese crecimiento ha sido la estrategia financiera. A diferencia de muchas empresas del sector, Hornitos ha apostado por la compra de sus locales como eje de sostenibilidad. “Nos gusta adquirir los predios, hacer remodelaciones, generar una identidad propia y barreras de entrada en el mercado”, afirma Luis. Esta visión se traduce en cifras concretas: mientras en la industria el arriendo puede representar entre el 10% y el 12% de los ingresos, en Hornitos este porcentaje es del 2,3%, lo que les ha permitido mayor estabilidad, especialmente en momentos críticos. “Eso fue lo que nos protegió, incluso en pandemia”, señala.

 

Esa capacidad de anticiparse también se evidenció en decisiones estratégicas recientes. En 2019, la compañía proyectó la apertura de cinco nuevos puntos de venta. A pesar de la pandemia, logró ejecutarlos en 2020, pasando de 10 a 15 ubicaciones en un momento en que muchos competidores reducían su operación. “Logramos capitalizar la reactivación económica, mientras otros estaban cerrando, nosotros seguimos abriendo”, recuerda Luis.

 

Pero el crecimiento de Hornitos no se explica únicamente desde lo financiero. También responde a una comprensión profunda del cliente y de la ciudad. David Parra lo explica desde su formación en Uniandes: “lo que más me marcó fue entender qué necesidad está resolviendo el producto o servicio, y cómo puedo resolverla mejor que los demás, eso lleva a pensar la experiencia completa del cliente, todos los puntos de contacto”. Esa forma de pensar, estructurada, crítica y orientada al cliente, refleja también una manera de entender el negocio que ha sido parte de su paso por la Universidad de los Andes, y que hoy se traduce en decisiones concretas dentro de la organización.

 

Esa mirada ha sido clave para adaptar la marca a los cambios de Bogotá. “La ciudad va cambiando y nosotros nos vamos adaptando, eso detona nuevas formas de servicio, nuevos formatos, nuevos productos”, afirma su gerente general. Un ejemplo de ello es el lanzamiento de Hornitos Contigo en 2025, un formato más ágil, diseñado para responder a nuevas dinámicas urbanas y hábitos de consumo.

 

Sin embargo, en medio de esa evolución, hay un principio que no cambia. “Queremos seguir siendo ese lugar favorito del barrio”, dice David. Y lo reafirma con una frase que resume la esencia de la marca: “yo no soy un gran restaurante de cadena, yo soy ese lugar hogareño en donde tú te sientes en una extensión de tu barrio”.

 

Esa identidad también se refleja en la forma en que la empresa entiende su cultura organizacional. Gestionar una compañía de 1.300 empleados implica retos distintos a los de sus inicios. “El líder de una empresa familiar no necesita inteligencia emocional, necesita maestría emocional, porque trabaja con talento familiar y no familiar”, explica David. Para él, el crecimiento de la organización pasa por “sacar ese diamante que hay en cada persona, de manera individual y colectiva”.

 

El proceso de relevo generacional ha sido, en ese sentido, un momento clave. “Lo importante es honrar el legado y aprovechar la apertura a nuevas formas de liderar”, señala David. La presencia activa de sus padres en la empresa ha hecho de este proceso un reto, pero también una oportunidad de aprendizaje y construcción conjunta.

 

Hoy, Hornitos no solo es una empresa consolidada, sino una organización con visión de futuro. Su plan estratégico al 2030 contempla alcanzar cerca de 42 ubicaciones en Bogotá, combinando formatos tradicionales con nuevas propuestas como Hornitos Contigo, además de inversiones constantes en tecnología, planta de producción e infraestructura.

 

Pero más allá de los planes y las cifras, hay una aspiración que resume el sentido de todo este recorrido. “Me imagino una marca como símbolo de unión y bienestar. Una marca que pueda unir a los capitalinos”, afirma David. Una visión que conecta con el origen de la empresa de ser un punto de encuentro alrededor de la mesa.

 

A lo largo de este camino, la formación académica ha sido parte de su historia, como también lo han sido la experiencia, el trabajo constante y las decisiones tomadas en familia. Como reconoce Luis, “la Universidad fue un espacio muy valioso… uno siempre siente que pudo haberlo aprovechado más”. Una reflexión que, más que cerrar, abre: el aprendizaje no se detiene. En ese recorrido, su paso por la Universidad de los Andes no define la historia, pero sí acompaña una forma de pensar, de cuestionar y de construir. Una huella que se suma, como muchas otras, a una empresa que hoy crece con criterio, con visión y con propósito.

 

Hornitos es hoy un caso de éxito que combina tradición, estrategia y evolución. Una empresa que ha sabido crecer sin perder su esencia, que ha construido estructura sin dejar de ser cercana, y que sigue proyectándose hacia el futuro con la base clara del trabajo conjunto de una familia, un equipo y una visión compartida.

 

Y en medio de esa historia, también hay un motivo de orgullo. Ver cómo ese conocimiento que se forma en las aulas encuentra su lugar en la realidad, se transforma en decisiones y termina aportando a la construcción de empresa en el país.