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Una carrera internacional construida entre el servicio público, la ética y la curiosidad

Ciencia Política no fue una decisión completamente planeada. Años después llegaron Washington, Australia, Google, una heladería y tres grandes organismos internacionales. Juan Sebastián Albán cuenta cómo esas experiencias fueron dando forma a una carrera que hoy lo tiene trabajando en ética y servicio público desde UNICEF, mientras mantiene vivo su vínculo con Los Andes y con la comunidad de egresados.

A los 16 años, Juan Sebastián Albán Betancourt llegó a Bogotá desde Cali para comenzar su carrera en la Universidad de los Andes. No había visitado el campus antes de inscribirse y, de hecho, estuvo a punto de escoger entre tres programas: Ciencia Política, Economía y Derecho. La decisión final tuvo algo de azar ya que Ciencia Política apareció primero en el formulario de inscripción. “En ese afán, porque era el último día para aplicar, no tenía muy claro que uno solo puede hacer una aplicación y envié la aplicación a Ciencia Política”, recuerda.

 

La elección, sin embargo, terminó marcando un camino que todavía hoy reconoce como propio. Desde muy temprano tuvo claro que quería trabajar en el servicio público. Sus padres, ambos periodistas y con una trayectoria cercana a los asuntos públicos, habían alimentado desde casa ese interés por entender el país y pensar en cómo contribuir a él. En Los Andes, esa inquietud encontró espacio para crecer, tanto en las aulas como en las experiencias que Juan Sebastián buscó desde los primeros semestres.

 

Se trasladó desde Cali para comenzar su carrera en la Universidad de los Andes. Era menor de edad, no conocía demasiado la ciudad y tampoco había tenido la oportunidad de recorrer el campus antes de matricularse. Encontrarse con la Universidad fue también parte de esa llegada a una nueva etapa. Y la recuerda con especial cariño, “Yo me acuerdo cada paso, el edificio Franco y cosas así, como viviendo un sueño. Yo valoraba todo: ‘esta baldosa de Los Andes es mi Universidad’, y la siguiente baldosa también”. 

 

Desde entonces, la Universidad empezó a ser mucho más que el lugar donde cursaría Ciencia Política. Fue el espacio donde comenzó a explorar distintos intereses, a conocer personas de diferentes lugares del país y a probar experiencias que terminarían influyendo en sus decisiones profesionales.

 

Su paso por la Universidad fue intenso. Terminó materias en seis semestres y, paralelamente a su formación académica, participó en distintas experiencias que ampliarían su perspectiva profesional. Estuvo vinculado a Congreso Visible, a la Misión de Observación Electoral y, desde el Centro de Trayectoria Profesional, encontró la oportunidad de hacer una pasantía en la Embajada de Colombia en Washington.

 

También comenzó a explorar el Derecho. Había iniciado un doble programa, pero una clase terminó ayudándolo a tomar una decisión. Al cursar Derecho Internacional con el profesor Enrique Prieto Ríos, encontró el campo que quería seguir. En lugar de extender su pregrado, decidió terminar Ciencia Política y continuar su formación con una maestría en Derecho Internacional en The University of Queensland, en Australia.

 

Ese recorrido también le permitió reconocer el valor de las oportunidades que había encontrado en Los Andes. La pasantía en la Embajada de Colombia fue su primer acercamiento profesional a Washington y, con el tiempo, abrió nuevas puertas. Incluso años después, durante un proceso de selección para el Banco Interamericano de Desarrollo, volvió a encontrarse con el reconocimiento asociado a su formación: “Cuando estaba haciendo mi maestría y también cuando apliqué al BID, lo primero que me dijeron en mi entrevista fue: ‘vi que eres de Los Andes, qué chévere’”.

 

Aprender a mirar más allá de una sola ruta

 

Después de su experiencia en la Embajada de Colombia, Juan Sebastián trabajó durante dos años en la aceleradora de Google, acompañando emprendimientos y conociendo un entorno profesional muy diferente al servicio público. Más adelante, durante su maestría en Australia, trabajó incluso en una heladería. 

 

A primera vista, ninguna de esas experiencias parecía tener una conexión directa con lo que terminaría haciendo en organismos internacionales. Sin embargo, una de ellas reapareció años después, durante un proceso de selección para el Banco Interamericano de Desarrollo, cuando le preguntaron por su trabajo en la heladería. Para Juan Sebastián, la pregunta terminó confirmando algo que había ido aprendiendo en el camino, las experiencias no necesariamente tienen que parecer relevantes cuando ocurren para terminar siendo útiles. 

 

Esa idea atraviesa buena parte de su trayectoria. En lugar de construir una carrera completamente lineal, ha ido tomando decisiones, probando escenarios y entendiendo qué quería conservar de cada experiencia. Incluso su paso por Google terminó aportándole una mirada distinta sobre el trabajo, los equipos y los proyectos. Y la experiencia de vivir en Australia amplió su perspectiva sobre lo que significaba desarrollar una carrera lejos de Colombia. Mientras estudiaba allí, además, comenzó a buscar la manera de acercarse al BID. Hizo un curso en línea de gestión de proyectos de la organización y empezó a prepararse para una oportunidad que finalmente llegó.

 

Allí comenzó como pasante y, con la llegada de la pandemia, pasó a trabajar como consultor durante tres años. Después vendrían el Banco Mundial y UNICEF, instituciones en las que ha desarrollado buena parte de su carrera internacional.

 

Hoy trabaja como Oficial de Ética en UNICEF, un campo que ha encontrado particularmente significativo. Para Juan, la ética no consiste únicamente en investigar cuando algo ya ocurrió. Buena parte de su trabajo está en anticiparse a los problemas y generar condiciones para que las personas puedan consultar antes de tomar una decisión equivocada. En ese sentido, considera que la seguridad para plantear dudas es fundamental dentro de las organizaciones.

 

También ha aprendido que la ética necesita respaldo desde los niveles más altos. “Los más altos directivos tienen que hacer énfasis en la importancia de la ética”, explica. Para él, cuando una persona se acerca a un jefe con una inquietud y recibe como respuesta que el asunto merece ser tomado en serio, ese gesto cotidiano puede contribuir a construir una cultura organizacional diferente.

 

Su trabajo tiene además una dimensión que puede resultar poco visible desde afuera. Las oficinas de ética de los organismos internacionales deben contribuir a preservar la independencia y la confianza que estos tienen frente a los países donde trabajan. “La función pública internacional depende mucho de que los países nos vean como entidades serias e imparciales”, señala.

 

Después de pasar por el BID, el Banco Mundial y UNICEF, Juan Sebastián siente que encontró un punto de encuentro entre sus intereses profesionales y aquello que desde joven lo había llevado hacia el servicio público. “Creo que sí he encontrado mucho mi vocación y mi capacidad de servicio a través de esto”.

 

Una mirada internacional que también lo conecta con Colombia

 

Vivir y trabajar fuera del país le ha permitido ampliar su perspectiva, pero también mirar de otra manera aquello que dejó en Colombia. Su primer traslado a Washington fue relativamente sencillo porque trabajaba en la Embajada de Colombia y permanecía en un entorno muy cercano a su país. Australia representó, en cambio, una experiencia mucho más distante y distinta culturalmente. Con el tiempo, esa experiencia internacional se convirtió en una parte importante de su formación.

 

Su experiencia internacional no ha significado, sin embargo, desconectarse de Colombia ni de Los Andes. Al contrario, una de las cosas que más reconoce de su formación universitaria es la posibilidad de haber convivido con personas de diferentes regiones, posiciones políticas y experiencias de vida.

 

Recuerda, por ejemplo, haber compartido con estudiantes provenientes de lugares como Amazonas y Casanare, y haber participado en espacios donde personas con posiciones políticas muy diferentes podían debatir y, al mismo tiempo, conservar sus relaciones personales. “Creo que definitivamente esa pluralidad que trae Los Andes y esa armonía y ese respeto, sobre todo en esa diversidad, ha sido lo que más me ha llevado conmigo desde entonces”.

 

Ese vínculo también se ha mantenido a través de la mentoría. Juan Sebastián comenzó a acompañar estudiantes y jóvenes profesionales desde muy temprano y llegó a tener decenas de mentees en algunos semestres. Hoy continúa como mentor de estudiantes de The University of Queensland y de empleados de distintas agencias de Naciones Unidas, además de mantener su vínculo con la comunidad de egresados.

 

Lo que encuentra en estos espacios tiene mucho que ver con su propia manera de entender el servicio. No se trata solamente de hablar sobre carreras o empleos. Le interesa acompañar decisiones, escuchar preguntas y seguir de cerca la evolución de quienes ha orientado. “Me motiva simplemente que les vaya bien”, dice.

 

A sus 29 años, Juan Sebastián todavía considera que está construyendo el siguiente capítulo de su trayectoria. Actualmente está en lista de espera para ingresar al programa de Juris Doctor en Georgetown, una formación que le permitiría profundizar en el Derecho y complementar su experiencia en derecho internacional, política pública y ética. Su intención es continuar creciendo como funcionario público internacional, un espacio en el que, después de diferentes experiencias, siente que encontró una combinación particular entre sus intereses y su vocación de servicio.

 

Mientras tanto, conserva una conexión especial con aquellos años en Bogotá. Recuerda caminar por el edificio Franco, las clases de yoga mirando los cerros desde el Centro Deportivo y hasta las arepas en Las Monas que solía comer durante sus días de estudiante. Más que grandes símbolos, son pequeños recuerdos que todavía hacen parte de su relación con Los Andes.

 

También encuentra orgullo en observar lo que han hecho otros egresados: artistas, profesores, funcionarios públicos, investigadores y profesionales que han decidido regresar a sus regiones o aportar desde distintos lugares. En ellos reconoce algo que también valora de su propia experiencia: la posibilidad de crecer profesionalmente y, al mismo tiempo, encontrar maneras de contribuir a los demás.

 

Su trayectoria, al final, no se parece tanto a una línea recta como a una suma de experiencias: la Universidad, Washington, Australia, Google, una heladería, el BID, el Banco Mundial y UNICEF. Algunas decisiones fueron planeadas; otras aparecieron en el camino. Todas terminaron dejando algo.

 

Quizás por eso, cuando mira hacia atrás, Juan Sebastián no habla de una única ruta que haya tenido que seguir. Habla de estar atento, prepararse y aprender de cada experiencia, “No existe una mala experiencia, todo contribuye”.