Volvió a Los Andes y entendió que algunas historias no terminan con la graduación
La Beca Quiero Estudiar le abrió las puertas de Los Andes, donde Julián encontró oportunidades para crecer en la ingeniería, el deporte y el mundo laboral. Hoy, como egresado, regresó a la Universidad para seguir construyendo su camino.Julián Camilo Rivera Monroy se graduó como ingeniero de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes en 2026. Beneficiario de la Beca Quiero Estudiar, durante sus años en la Universidad encontró en la tecnología una forma de transformar ideas en soluciones, hizo del balonmano una parte importante de su vida y descubrió el valor de una comunidad que creyó en su potencial. Hoy regresa a Los Andes como profesional para trabajar en proyectos de automatización e inteligencia artificial.
Cuando Julián piensa en el momento en que comenzó a interesarse por la tecnología, recuerda sus primeros programas y juegos. En el colegio empezó a explorar herramientas como Scratch y después Java. Le gustaba descubrir cómo, a partir de unas cuantas líneas de código, podía crear algo que antes solo existía en su imaginación. Las matemáticas también tenían un lugar especial entre sus intereses. Poco a poco fue encontrando en la ingeniería de sistemas un campo en el que podía combinar esa afinidad con su curiosidad por la tecnología. Estudiar en Los Andes, sin embargo, no siempre estuvo dentro de sus planes.
En ese momento buscaba diferentes opciones para continuar su formación y fue a través de personas cercanas que conoció la Beca Quiero Estudiar. Decidió presentarse y, después de pasar por el proceso de selección, llegó el momento que todavía recuerda con una sonrisa. Recuerda que estaba en casa cuando encontró su número de documento entre los beneficiarios: “Quedé…Yo nunca pensé que hubiera podido estudiar en esta Universidad.”
Ese día comenzó una etapa que no solo le permitiría convertirse en ingeniero, sino también conocer personas, descubrir nuevas posibilidades y construir una relación muy especial con la Universidad.
La ingeniería no ha sido la única pasión que ha acompañado a Julián. Desde hace varios años practica balonmano y ha hecho parte de la Selección Bogotá. El deporte estuvo presente durante buena parte de su vida escolar y también encontró la manera de mantenerlo durante su paso por Los Andes. Entrenaba después de clase, participaba en competencias y organizaba sus tiempos para poder responder tanto a las exigencias académicas como a las deportivas.
El balonmano le ha dejado aprendizajes que van más allá de la cancha, entre ellos la disciplina, el trabajo en equipo y la capacidad de mantenerse enfocado en un objetivo; son parte de lo que hoy reconoce como herramientas importantes para su vida profesional.
La pandemia cambió por un tiempo esa rutina y también transformó la manera en que vivía la Universidad. Como muchos estudiantes, Julián tuvo que adaptarse a una experiencia universitaria que dejó de suceder en los salones, los laboratorios y las canchas. Fue una etapa que le enseñó a prestar más atención a su bienestar y a entender que pedir acompañamiento cuando se necesita también hace parte del proceso de formación.
Durante esos años contó con apoyo de la Universidad y encontró diferentes herramientas para continuar avanzando en su carrera. Hoy recuerda esa experiencia como uno de los aprendizajes personales que se lleva de su paso por Los Andes.
Una de las materias que más recuerda la cursó cuatro veces. En lugar de dejar que esa experiencia definiera su recorrido, decidió volver a intentarlo. “Yo decía: no me voy a dejar ganar de una materia. Eso me forjó el carácter.” Finalmente la aprobó. La anécdota se convirtió en una especie de recordatorio personal sobre la importancia de insistir, incluso cuando las cosas no salen como se esperaba. “Es complicado, pero se puede. Y aunque haya que intentarlo muchas veces, en algún punto se logra”, recuerda.
Ese espíritu también estuvo presente en otros momentos de su vida universitaria. Julián aprendió a buscar ayuda cuando la necesitaba, a apoyarse en sus profesores y compañeros y a aprovechar los espacios que la Universidad ponía a su disposición. Más allá de las materias, recuerda especialmente a los profesores que lo llevaron a hacerse preguntas nuevas y a mirar la ingeniería desde diferentes perspectivas. Con el tiempo, empezó a interesarse cada vez más por las posibilidades que tiene la tecnología para resolver problemas reales y generar valor para las personas.
Durante sus años en Los Andes, Julián también tuvo diferentes experiencias laborales. Encontró en las clases particulares de matemáticas una forma de combinar sus conocimientos con sus responsabilidades como estudiante. Durante varios años acompañó a jóvenes en su proceso de aprendizaje y, a través de recomendaciones, fue ampliando esa experiencia. También llegaron sus primeros acercamientos al mundo profesional de la tecnología.
En 2023 participó en un reto organizado por BTG Pactual en la Universidad. Su equipo ganó y esa experiencia se convirtió en una de sus primeras oportunidades para trabajar en desarrollo de software. Después vinieron nuevos retos y experiencias en empresas del sector tecnológico que le permitieron conocer diferentes formas de trabajar y seguir construyendo su perfil profesional.
Cada experiencia fue sumando una pieza a lo que hoy tiene claro que quiere hacer. Julián busca desarrollar tecnología que no se quede únicamente en funcionar bien. Quiere que pueda resolver problemas, facilitar procesos y generar un impacto positivo. “Estar en Los Andes me ayudó mucho a ampliar la visión del campo de la ingeniería de sistemas y también mucho la labor social que uno tiene en el país.”
Después de graduarse este 2026, Julián tuvo la oportunidad de regresar a Los Andes, esta vez como profesional. Actualmente trabaja como Ingeniero de automatización con IA en la Universidad, donde participa en proyectos relacionados con transformación digital y automatización de procesos. Su trabajo le permite aplicar muchos de los conocimientos que construyó durante la carrera y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo en un campo que cambia rápidamente.
Hay algo especial en regresar a los mismos espacios que durante tantos años fueron parte de su vida, hoy los recorre desde otro lugar. Se encuentra con estudiantes que están comenzando el camino que él ya recorrió, vuelve a pasar por lugares donde estudiaba y reconoce una Universidad que, aunque continúa transformándose, conserva muchas de las cosas que hicieron especial su experiencia. “No me cabe el orgullo en el pecho. Me gusta mucho sentarme a trabajar en alguno de los sitios donde pasaba haciendo trabajos de la Universidad cuando era estudiante” cuenta.
Para Julián, la Beca Quiero Estudiar significó mucho más que la posibilidad de ingresar a Los Andes. Antes de conocerla, estudiar en la Universidad no estaba entre las opciones que veía como posibles. La beca le permitió convertir ese deseo en una realidad y dedicar sus años universitarios a formarse, descubrir nuevas posibilidades y construir el camino profesional que hoy continúa.
Durante ese recorrido también entendió que su historia no era única. En Los Andes conoció estudiantes de distintas regiones y contextos, con experiencias muy diferentes a la suya, pero con el talento y las ganas de salir adelante en común. “Hay mucha gente que es muy pila pero que por el contexto social no podría costearse la Universidad.”
Esa experiencia cambió también su manera de entender la filantropía. Para Julián, detrás de una beca no hay solamente un aporte económico, hay alguien que decide creer en el potencial de otra persona y ayudarle a llegar a un lugar que, sin ese apoyo, podría parecer inalcanzable.
Por eso, ahora que es egresado decidió retribuir parte de lo que recibió. Lo hace desde el agradecimiento, pero también desde la certeza de que las oportunidades pueden multiplicarse cuando quienes alguna vez las recibieron encuentran la manera de compartirlas con otros. “Me parece que es una labor muy bonita que más personas que, como yo, puedan cumplir sus sueños de lograr la carrera profesional y poder tratar de ir mucho más allá de lo que se nos dice normalmente que podemos ir.”
Julián llegó a Los Andes con curiosidad por la tecnología y con el deseo de convertirse en ingeniero. En el camino encontró una comunidad, profesores que dejaron huella, compañeros, amigos, oportunidades laborales y también aprendizajes personales que le ayudaron a crecer dentro y fuera del aula. Aprendió que no siempre es necesario tener todas las respuestas, que algunas cosas requieren más de un intento y que pedir apoyo también hace parte de avanzar.
Hoy, mientras desarrolla proyectos de inteligencia artificial en la Universidad que lo formó, mira hacia adelante con la misma curiosidad que tenía cuando empezó a crear sus primeros programas.
La Beca Quiero Estudiar no fue solamente el apoyo que necesitaba para llegar a la Universidad, fue la posibilidad de abrir una puerta que antes parecía lejana. Una puerta que hoy Julián quiere ayudar a mantener abierta para otros, porque una oportunidad puede transformar el camino de una persona. Y cuando esa persona decide compartir lo que recibió, la historia puede continuar mucho más allá de ella.