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¿Qué hace que una oportunidad realmente transforme una vida?

Una oportunidad abrió el camino; el talento y la perseverancia hicieron el resto. La trayectoria de Laura Bermeo es una muestra de cómo la educación puede convertirse en el punto de partida para transformar vidas y generar impacto en el mundo.

Hay oportunidades cuyo verdadero impacto se mide con el paso de los años, no porque abran una puerta, sino porque permiten que el talento, la disciplina y la determinación conviertan esa oportunidad en una historia de transformación. La historia de Laura Bermeo Rincón es una muestra de ello. Su trayectoria profesional, que hoy la ha llevado a escenarios académicos y laborales de talla mundial, comenzó con una oportunidad que Laura supo transformar, con compromiso, disciplina y determinación, en el punto de partida de un proyecto de vida con impacto.

 

Ingeniera Industrial y magíster de la Universidad de los Andes, realizó un doble diploma en Francia, obtuvo un MBA en Harvard Business School, trabajó en consultoría estratégica para algunas de las organizaciones más importantes del mundo, participó en proyectos de impacto social en África y hoy lidera la Estrategia Corporativa de Itaú, el banco más grande de América Latina.

 

Todo empezó con una pregunta: ¿hasta dónde quería llegar? "Siempre pensando toda mi vida es a dónde quiero llegar y qué hago para llegar allá", dice. Esa manera de entender la vida la ha acompañado en cada decisión, desde aprender nuevos idiomas, vivir en otros países, asumir retos profesionales, hasta abrirse camino en entornos altamente competitivos y encontrar su voz en espacios donde, muchas veces, era la única mujer en la mesa. "Nada de mi vida ha llegado en una bandeja de plata. Todo requiere esfuerzo, consistencia y resiliencia. Tal vez en la primera no va y entonces va en la segunda", opina.

 

Su recorrido internacional impresiona, pero tiene un origen muy claro. Cuando terminó el colegio fue admitida en varias universidades. Sin embargo, había una que siempre ocupaba un lugar especial en su imaginación. "Fui admitida a otras universidades, pero Los Andes siempre fue la referencia. Era una de las mejores y ofrecía muchísimas oportunidades, no solo después de graduarse, sino durante la carrera".

 

Sus padres, quienes fueron los primeros universitarios de sus hogares, pensaban que la educación podía cambiar el destino de una familia. Su padre fue el primero de diez hermanos en terminar el colegio y llegar a la universidad. Su madre también rompió ese ciclo. Por eso, cuando llegó el momento de decidir el futuro de sus hijas, nunca dudaron en buscar la manera de hacerlo posible. Laura recuerda, "Ellos fueron quienes dieron ese primer salto. Dijeron: 'vamos a buscar cómo'. Si era a través de una beca, de un préstamo o de cualquier alternativa, lo importante era que estudiáramos." Así llegó la beca Quiero Estudiar. Con el tiempo, Laura entendió que aquella ayuda representaba mucho más que un apoyo económico. Era alguien creyendo en su potencial. Entrar a Los Andes cambió por completo su manera de ver el mundo. "Entré a Los Andes y realmente abrió mi mundo. Descubrí personas, profesores, nuevas áreas del conocimiento. Encontrar mi camino fue comenzar a descubrir qué le gustaba a Laura, en qué era buena y qué quería explorar", menciona.

 

La Universidad dejó de ser únicamente un lugar para estudiar. Era el sitio donde desayunaba una arepa antes de clase, hacía trabajos interminables en los computadores del edificio Mario Laserna, compartía conversaciones que aún recuerda y construía amistades que, incluso viviendo en otros países, siguen siendo parte de su vida. "El convivir en la universidad es increíble. Tienes todo lo que necesitas para crecer en cualquier dimensión que quieras desarrollar." Fue precisamente en ese ecosistema donde apareció la oportunidad que transformaría definitivamente su historia, accedió a un doble diploma en Francia. "Si hay un punto en mi vida que cambió completamente mi dirección fue conocer esa oportunidad. Vivir en otro país, estudiar y trabajar en otro idioma expandió completamente mis límites."

 

Salir de Colombia significó mucho más que obtener otro título. Fue aprender a convivir con personas que pensaban diferente, desarrollar independencia, enfrentarse al miedo y descubrir que crecer casi siempre implica abandonar la zona de confort. "Salir del país es una experiencia completamente transformadora. Aprendes a escuchar otras perspectivas, a defender tus ideas y a entender que el mundo puede verse de muchas maneras."

 

Esa experiencia abrió una puerta tras otra. Nuevos países, nuevos idiomas y, entre ellos, una experiencia que marcaría profundamente su propósito, trabajar en Sudáfrica apoyando proyectos de impacto social. Ese capítulo de su carrera le permitió ver de cerca cómo la educación y el fortalecimiento de organizaciones pueden transformar comunidades enteras. Desde entonces, su convicción de devolver parte de lo que ella misma recibió se hizo aún más fuerte. "Siempre tuve el interés de devolver un poco de lo que yo recibí a través de la educación, porque para mí fue un diferencial que cambió mi historia".

 

Por eso ha dedicado parte de su tiempo a acompañar proyectos comunitarios, orientar personas que buscan empleo, compartir su experiencia con jóvenes y responder, una por una, las preguntas de quienes la buscan para pedirle consejo. "Soy la primera que está cien por ciento dispuesta a contar cómo lo hice, a mostrar un camino y a demostrar que las oportunidades existen."

 

Porque sabe que muchas veces lo que cambia una vida no es únicamente una beca. Es descubrir que ese sueño también puede ser posible para uno mismo. Esa es, quizás, la mayor lección que deja su historia. La filantropía no consiste únicamente en financiar una matrícula. Consiste en abrir una posibilidad. En confiar en el talento de una persona antes incluso de conocer todo lo que será capaz de lograr.

 

Pero también deja otra enseñanza. Las oportunidades, por sí solas, no transforman vidas. Lo hacen las personas que deciden aprovecharlas; la disciplina, la constancia, la resiliencia, la capacidad de levantarse cuando algo no sale bien, el deseo permanente de aprender, y la decisión de seguir avanzando incluso cuando el camino parece difícil.

 

"A mí me hubiera gustado aprender antes la importancia de soñar en grande", reflexiona. Hoy ese es el consejo que comparte con quienes apenas comienzan su camino. "Traza un plano de tus sueños. Así no los cumplas exactamente, sueña en grande. Busca las oportunidades, encuentra tu círculo, confía en ti y sigue avanzando. Y, mientras tanto, disfruta el camino."

 

Historias como la de Laura son también reflejo de orgullo uniandino, no solo por sus logros profesionales o por la dimensión internacional de su carrera, sino porque representan el propósito más profundo de una cultura filantrópica: demostrar que cuando una oportunidad llega a una persona con talento, esfuerzo y propósito, su impacto trasciende una sola vida: alcanza familias, inspira nuevas generaciones y termina transformando el mundo de formas que, aquel primer día de universidad, nadie habría podido imaginar.