Pasar al contenido principal
Texto alternativo imagen

Traducir el derecho: la apuesta de una uniandina en el mundo digital

Una abogada uniandina está cambiando la forma de entender el derecho… con “pollitos”.

Hacer del derecho un lenguaje cercano, comprensible y útil para la vida cotidiana no es una tarea sencilla. Sin embargo, ese ha sido el camino que ha construido Laura Sánchez Gutiérrez, egresada de Derecho de la Universidad de los Andes, quien ha logrado conectar su formación jurídica con la creación de contenido digital para impactar a miles de personas.

 

Graduada en 2018, Laura encontró en su paso por la Universidad no solo una formación rigurosa en derecho, sino también un espacio de exploración que marcaría su trayectoria profesional. “Quise estudiar Derecho porque uno siempre tiene la idea de que esa es la forma de ayudar a las personas. Con el tiempo entendí que hay muchas maneras de hacerlo, pero terminé construyendo toda mi vida alrededor de innovar en el derecho”, cuenta. A esto se sumó una metodología de aprendizaje que le resultó especialmente cercana: “Tenían una forma diferente de enseñar, los PBLs, que eran solucionar problemas basados en casos, y a mí eso me encantaba”.

 

Durante su pregrado, complementó su formación con materias de periodismo, diseño y otras disciplinas creativas que, más adelante, se convertirían en herramientas clave en su trabajo. “Lo que me cambió la vida es que la Universidad es demasiado abierta y tiene posibilidades para todo. Yo podía tener clase de Teoría del Derecho a las 6:30 a.m. y luego ir a cerámica, después a periodismo y luego a diseño”, recuerda. Esa flexibilidad no solo amplió su formación, sino que le permitió descubrir nuevas formas de comunicar. “Sin darme cuenta, las clases de periodismo y de diseño fueron las que me dieron la base para explicar el derecho como lo hago hoy”.

 

Esa posibilidad de moverse entre distintos campos del conocimiento le permitió desarrollar una mirada más amplia y construir un enfoque propio, en el que el derecho no se limita a lo técnico, sino que se conecta con la forma en que las personas lo entienden y lo viven.

 

Como estudiante, Laura también enfrentó los retos propios de una carrera reconocida por su alto nivel de exigencia. “Derecho es una carrera muy competitiva y para mí eso fue intimidante al principio”, recuerda. Más allá de la carga académica, el desafío estaba en el entorno mismo: “Parte de tu desempeño tiene que ver con qué tan bien lidias con esa competitividad. Y yo no soy una persona muy competitiva yo quería entrar a aprender, no a competir”. Durante los diez semestres, esa tensión fue constante. La exigencia, los ritmos intensos y la presión por el desempeño marcaron su experiencia universitaria. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa percepción cambió. Lo que en su momento fue un reto, hoy lo reconoce como una de las bases de su formación. “Ahora que lo veo en retrospectiva, siento que me preparó para muchas cosas en la vida. Esa exigencia me ayudó a construir un ‘cuero’ para la vida real y para entender cómo funcionan las relaciones profesionales”, explica. Y concluye: “Es una competencia difícil, pero al final es sana, porque te obliga todos los días a ser mejor”.

 

Más allá de lo académico, su paso por la Universidad también estuvo marcado por los espacios de encuentro y comunidad, esos que terminan definiendo la experiencia universitaria. “Todo estudiante de derecho sabe que el lugar que queda en el corazón son las escaleras al frente de la biblioteca”, dice. Allí transcurrían pausas necesarias en medio de jornadas largas. “Uno salía, se compraba un tinto, se sentaba en las escaleras a hablar, a descansar y después volvía a estudiar. Yo pasaba aquí catorce horas al día durante cinco años, y amaba estar en la Universidad”, recuerda. En medio de la exigencia, esos momentos cotidianos se convirtieron en el espacio para construir amistades, compartir y tomar aire. “Ese lugar lo recuerdo con demasiado cariño”.

 

Al graduarse, Laura inició su trayectoria profesional en escenarios tradicionales del derecho. Su primer paso fue una firma de abogados, seguido de su trabajo en la Superintendencia de Industria y Comercio, donde se desempeñó en temas relacionados con la protección de datos personales. Estas experiencias le permitieron fortalecer su formación técnica y entender de cerca las dinámicas del ejercicio profesional.

 

Sin embargo, también marcaron un punto de inflexión. “Yo pensé que iba a trabajar en una firma de abogados; de hecho, mi primer trabajo fue en una firma… pero me despidieron a los tres meses”, cuenta con honestidad. Más allá del hecho en sí, lo que vino después fue revelador. “Si la carrera ya era competitiva, una firma lo es el triple. Y cuando pasó, entendí que ese no era mi lugar. No encajaba, no era feliz, y cuando uno no es feliz, no rinde”. Lejos de ser un retroceso, esa experiencia abrió una nueva pregunta sobre su camino profesional. “Ahí fue cuando dije: quiero hacer algo diferente. Con las bases que me dio la Universidad, empecé a pensar más allá del molde del abogado y en cómo poner el derecho al servicio de la sociedad”.

 

Ese momento marcó el inicio de una búsqueda más amplia, en la que el ejercicio del derecho dejó de limitarse a los escenarios tradicionales y comenzó a conectarse con nuevas formas de impacto. Como ella misma lo resume: “Hubo un punto en el que entendí que quería encontrar otra manera de hacer las cosas y acercar el derecho a las personas”.

 

Ese propósito comenzó a tomar forma en paralelo a su ejercicio profesional, a través de la creación de contenido digital. Al inicio, fue un espacio íntimo, casi silencioso, enfocado en ilustraciones y exploraciones creativas. “Empecé haciendo ilustraciones y las subía a una cuenta donde ni siquiera usaba mi nombre, porque no quería que en el trabajo supieran que hacía eso”, recuerda. En ese momento, ya trabajaba en la Superintendencia de Industria y Comercio, en un entorno exigente y tradicional. “Era un trabajo muy de abogado y yo sentía que ese lado creativo no tenía mucho lugar ahí”.

 

Con el tiempo, ese espacio se consolidaría como Laamateur, el nombre de su proyecto y de sus redes sociales, que nació sin una estrategia definida, más como una necesidad personal de crear y expresarse. Con los años, ese proyecto evolucionó hasta convertirse en la plataforma desde la cual hoy acerca el derecho a miles de personas. Durante un tiempo, ese proyecto avanzó sin mayor visibilidad. Sin embargo, la pandemia marcó un punto de cambio, el contenido empezó a circular, a crecer, a encontrar nuevas audiencias.

 

El verdadero giro llegó con la coyuntura política de las elecciones del 2022. “Veía demasiada desinformación y pensé: ‘esto lo puedo explicar mejor, puedo ayudar a que las personas tengan un voto más informado’”. A partir de ahí, decidió dar un paso más: abrir TikTok y comenzar a explicar temas jurídicos y políticos de forma clara y directa. “Y creció, y creció, y creció… hasta que un año después dije: ‘puedo vivir de esto’”.

 

Esa decisión implicó un cambio importante en su vida profesional. Hoy, combina su ejercicio como abogada con la creación de contenido, aunque reconoce dónde está su mayor motivación: “Sigo llevando casos independientes, pero la mayoría de mi tiempo y lo que más me apasiona es enseñar derecho en redes”. Uno de los elementos más distintivos de su propuesta es el uso de recursos creativos, como los reconocidos “pollitos”, para explicar situaciones jurídicas y coyunturas políticas. Más allá de lo visual, detrás de este formato está la intención clara de facilitar la comprensión y transformar la conversación pública. “Quería despersonalizar la política, que las personas pudieran entender sin reaccionar de inmediato a nombres o posiciones”, explica. Así, su contenido se ha consolidado como una forma de traducir lo complejo, acercando el derecho a la ciudadanía desde un lenguaje claro, accesible y relevante.

 

Acercar el derecho a las personas implica mucho más que simplificar conceptos. Para Laura, parte de una convicción que la ha acompañado desde sus años como estudiante: “El derecho es transversal a la vida”. Y lo explica desde lo cotidiano: “Cuando tú compras algo y te engañan, es tu dinero, lo que te ganaste con el sudor de tu frente. Cuando te roban, cuando te estafan, cuando alguien te hace daño, la mayoría de esas situaciones están relacionadas con alguna rama del derecho: familia, laboral, civil”.

 

En ese contexto, la falta de comprensión no es menor. “Muchas veces ese problema legal empieza a tener un impacto emocional en las personas. Y se agrava cuando no lo entiendes y no sabes qué hacer”, afirma. Por eso, su apuesta por explicar en términos sencillos no es solo una decisión de formato, sino de fondo: hacer que las personas puedan entender y actuar.

 

Su trabajo se sitúa, así, en un punto clave: la intersección entre el rigor jurídico y la comunicación para públicos no especializados. “El derecho es muy técnico, muy preciso, se hila muy delgado”, explica. Ese nivel de detalle, propio de la disciplina, supone un reto al momento de traducirlo a un lenguaje más amplio. “Explicar algo en términos generales siempre va a ir en contravía de lo fino que puede ser el derecho. Entonces siento una responsabilidad grande en que esa explicación respete, lo mejor posible, ese nivel de precisión”, señala. Al mismo tiempo, reconoce los límites de ese ejercicio: “También hice las paces con que no puedo explicar todas las teorías. Este no es un contenido para abogados, es para personas”.

 

Su enfoque es mantener la rigurosidad sin perder claridad. “Soy muy juiciosa con lo que explico, trato de dar buena información, pero entendiendo que para la vida diaria hay cosas que no necesitan ese nivel de detalle”. Así, su trabajo no solo busca informar, sino reducir la distancia entre el derecho y la ciudadanía, permitiendo que más personas comprendan situaciones que impactan directamente su vida y puedan tomar decisiones con mayor claridad.

 

El crecimiento de Laamaetur también la ha llevado a mirar más allá de las redes sociales y pensar en nuevas formas de llevar el derecho a más personas. Aunque reconoce el poder de lo digital, también es consciente de sus límites. “El algoritmo decide a quién le muestra tu contenido y a veces falla. Hay muchas personas a las que les interesa entender estos temas y no están en redes”, explica.

 

Por eso, proyecta su trabajo hacia formatos más amplios, que le permitan llegar a nuevas audiencias sin perder la esencia de lo que hace hoy, traducir lo complejo de manera clara y cercana. Al mismo tiempo, mantiene un vínculo genuino con las plataformas donde empezó. “Las redes siguen teniendo un poder absurdo y las amo. Mientras estén ahí, ahí estaré yo”.

 

Esa experiencia también le ha mostrado el otro lado de la creación digital: un entorno exigente, medido constantemente. “Todo el tiempo estás siendo evaluada y esa retroalimentación es pública”, reconoce. Sin embargo, su forma de habitar ese mundo responde a una convicción que ha construido desde sus años en la universidad: no hay un solo camino posible. “Si pude abrir un camino distinto en una profesión tan rígida como el derecho, siento que puedo hacer lo mismo en otros espacios. No tengo que vivir esto bajo las reglas de la industria”, afirma.

 

Hoy, Laura combina el ejercicio del derecho con la creación de contenido, consolidando un proyecto que busca acercar el conocimiento jurídico a la ciudadanía. Más allá de los formatos o las plataformas, su propósito se mantiene: ayudar a que más personas entiendan, se informen y puedan tomar decisiones con mayor claridad.

 

Porque, como ella misma lo resume: “Uno puede construir su propio camino. No hay una única forma de ejercer el derecho”.