El camino de una uniandina que eligió liderar para transformar desde lo público
La historia de Natasha Avendaño, economista uniandina y una de las 100 mujeres más poderosas de Colombia según Forbes, demuestra que el conocimiento encuentra su mayor valor cuando se pone al servicio del país.Cuando Natasha Avendaño llegó a la Universidad de los Andes tenía apenas 16 años. Había dejado Medellín para comenzar una nueva etapa en Bogotá y, aunque sabía que quería estudiar Economía, todavía no imaginaba el camino que esa decisión abriría para su vida. Los primeros meses estuvieron marcados por el desafío de adaptarse a una ciudad nueva, la distancia con su familia y la exigencia académica que caracteriza a la Universidad. Como muchos estudiantes que llegan por primera vez al campus, sintió la incertidumbre de empezar desde cero. Con el paso del tiempo, esos retos dieron lugar a una experiencia que terminaría definiendo no solo su proyecto profesional, sino también su manera de entender el país y el papel que quería desempeñar en él.
Veinticinco años después, esa historia suma un nuevo capítulo. En 2026, Forbes Colombia incluyó a la economista uniandina en el listado de las 100 mujeres más poderosas del país, un reconocimiento que destaca a mujeres cuyo liderazgo ha generado un impacto significativo en distintos sectores. En el caso de Natasha, la distinción llega después de una trayectoria construida en el servicio público, la formulación de políticas y la gestión de instituciones que inciden directamente en la calidad de vida de millones de colombianos. Lejos de entender el reconocimiento como un logro individual, Natasha lo asume como una oportunidad para reflexionar sobre el verdadero significado del liderazgo, "Para mí el poder por poder no sirve si uno no lo usa para transformar positivamente las cosas. Lo recibí como un reconocimiento al poder de transformar y de hacer que las cosas pasen."
Ese propósito comenzó a tomar forma durante sus años como estudiante. Aunque ingresó convencida de estudiar Economía, fue en las aulas de la Universidad donde descubrió el campo al que dedicaría su vida profesional. La materia de Política Fiscal despertó su interés por las finanzas públicas y la tributación, mientras que las conversaciones con profesores y compañeros le permitieron comprender que la economía no solo explica cómo funcionan los mercados, sino que también puede convertirse en una herramienta para mejorar la vida de las personas.
La Universidad también despertó otra vocación que la ha acompañado durante toda su carrera: la docencia. Las monitorías fueron su primer acercamiento a la enseñanza y le permitieron descubrir el valor de compartir el conocimiento. Años más tarde regresaría al campus, ya no como estudiante, sino como profesora de cátedra, convencida de que formar nuevas generaciones también hace parte de su manera de servir al país. Cuando recuerda esa etapa, Natasha suele insistir en que las lecciones más valiosas no siempre ocurrieron dentro del salón de clase, "La educación no es solamente lo que uno aprende en los libros y lo que le enseñan los profesores, sino toda la experiencia asociada a eso."
Ese aprendizaje la llevó a continuar su formación con una maestría en Economía en la Universidad de los Andes, otra en Tributación Internacional, Comercio Exterior y Aduanas en la Universidad Externado de Colombia y un doctorado en Política Pública en la Universidad de California, Berkeley. Vivir esa experiencia en el exterior amplió su perspectiva sobre las políticas públicas y el funcionamiento de las instituciones. Sin embargo, nunca contempló desarrollar su carrera fuera de Colombia. Su decisión siempre fue regresar para aportar al país desde el sector público.
Durante esa formación académica recorrió un camino que la llevaría al Ministerio de Hacienda, donde trabajó durante una década; posteriormente a la DIAN, entidad en la que ocupó distintos cargos estratégicos; más adelante a la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios; luego a la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG); y actualmente a la gerencia de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. En cada una de esas responsabilidades encontró desafíos distintos, pero la misma motivación de construir instituciones más sólidas y tomar decisiones que generaran bienestar para millones de personas.
Esa trayectoria también le enseñó que liderar implica asumir decisiones difíciles. Por eso, cuando habla de liderazgo, rara vez se refiere a los cargos o a los reconocimientos. Prefiere hablar de la responsabilidad que supone decidir cuando no existen respuestas fáciles. "La gente no toma decisiones. Le da miedo tomar decisiones. Esa claramente no ha sido mi dificultad y yo creo que mucho de eso también viene de la formación de la Universidad."
No es una reflexión teórica. A lo largo de su carrera ha enfrentado algunos de los retos más complejos del sector público. Durante su paso por la Superintendencia de Servicios Públicos participó en la solución de la crisis de Electricaribe. Años después, apenas iniciaba su gestión como gerente del Acueducto de Bogotá cuando la ciudad atravesó uno de los periodos más difíciles de abastecimiento de agua de su historia reciente. Con humor reconoce que esas situaciones parecen acompañarla, "Tengo muchos amigos que dicen que yo busco los chicharrones o los chicharrones me buscan a mí."
Hoy dirige una empresa que presta el servicio de agua potable y saneamiento a cerca de diez millones de personas y lidera proyectos enfocados en fortalecer la seguridad hídrica de Bogotá y la región. La modernización de plantas de tratamiento, el fortalecimiento de la infraestructura y la planificación frente a futuros eventos climáticos hacen parte de una estrategia que busca garantizar el acceso al agua para las próximas generaciones.
Sin embargo, cuando intenta explicar la importancia de ese trabajo, Natasha prefiere partir de un gesto cotidiano que todos damos por hecho. Hay decisiones cuyo impacto pocas veces es visible para los ciudadanos, "Abrir la llave y que salga agua potable tiene detrás un montón de trabajo muy dedicado y muy específico para que eso pase." Detrás de ese gesto hay ingenieros, operadores, científicos, técnicos, equipos de mantenimiento y decisiones que se toman todos los días para garantizar un servicio esencial. Para ella, esa es la mejor manera de entender el servicio público: hacer posible que millones de personas puedan desarrollar su vida con tranquilidad sin pensar en todo el trabajo que ocurre detrás.
"Para mí servir desde lo público es precisamente cuando uno lo que hace no lo hace para alguien en particular, sino que el beneficiario es todo el mundo", menciona. Esa visión también ha estado presente en su labor como profesora. Después de años de experiencia en el sector público, regresar a la Universidad de los Andes le permitió compartir con nuevas generaciones los aprendizajes adquiridos dentro y fuera de las aulas. Es una forma de devolver a la Universidad parte de lo que recibió como estudiante y de contribuir a formar profesionales capaces de asumir con responsabilidad los retos del país.
Cuando habla de la Universidad, Natasha no se refiere únicamente a la calidad académica. Habla de las personas, de los vínculos que construyó, de los profesores que marcaron su camino y de una comunidad que continúa acompañándola muchos años después de graduarse. "Una muy buena parte de las posibilidades que he tenido en mi vida profesional han sido gracias a lo que aprendí en los Andes."
Su orgullo por ser uniandina también nace de lo que representa pertenecer a esa comunidad. "Yo sí me siento muy orgullosa de ser uniandina porque es un lugar en el que muchas cosas se conjugan con el objetivo de que no solamente seamos mejores profesionales, sino también mejores colombianos y mejores personas."
Al mirar su recorrido, Natasha insiste en que el prestigio de una universidad no se construye únicamente desde sus aulas, sino a través del impacto que generan quienes pasan por ellas. "El ranking de esa excelencia profesional de las carreras somos los egresados."
Hoy, el nombre de Natasha Avendaño aparece entre las 100 mujeres más poderosas de Colombia según Forbes. Sin embargo, detrás de ese reconocimiento hay mucho más que una trayectoria profesional. Está la historia de una estudiante que llegó a la Universidad de los Andes con la ilusión de construir un futuro, encontró en sus profesores y compañeros nuevas maneras de entender el país y decidió poner ese conocimiento al servicio de los demás.
Su recorrido refleja el impacto que puede tener la educación cuando se combina con el compromiso, la vocación de servicio y la convicción de que las decisiones adquieren verdadero sentido cuando contribuyen a transformar la vida de las personas. Una historia que también habla del sello que distingue a los egresados uniandinos: liderar con excelencia, actuar con propósito y generar un impacto positivo en la sociedad.